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Notas personales sobre cine, temas animalistas y proyectos audiovisuales

Los felinos de Annaud

 

 

Por: Nicolás Román Borré

 

 

"…Tigre, tigre, que te enciendes en luz

por los bosques de la noche

¿qué mano inmortal?

¿qué ojo pudo idear tu terrible simetría?

¿en qué profundidades distantes?

¿en qué cielos ardió el fuego de tus ojos?

¿con qué alas osó elevarse?

¿qué mano osó tomar ese fuego?…"

 

"The Tyger" de William Blake

 

Cuando recuerdo a Borges confesar su impudencia de escribir y manifestar que sólo está complacido con algunas líneas que bordó, un eco de esa entrevista radial vuelve a mi como exigiéndome un nuevo estudio. En efecto, él dijo en medio de la oscuridad, que el único color que recuerda es el naranja fulgurante del tigre; tono que le permitía en su ceguera, hacer abstracción de todos los demás, porque era total e infinito.

En la última película de Jean-Jacques Annaud: "Dos hermanos", es extremadamente díficil no retomar al mítico escritor argentino, porque cada fotograma es iluminado por la belleza de los felinos asiáticos en una conjunción visual de caracteristicas poéticas.

El tigre a lo largo de la historia ha sido condimento asiduo del recurso literario, aparece en la imprenta universal en multiples facetas: como alter ego, señal de virilidad, demonio de la noche, fuerza interior y leyenda. Pero sólo en la poesía alcanza su mayor connotación, Friedrich Nietzsche, Pablo Neruda, Gabriela Mistral y Eduardo Lizalde -por dar unos nombres- lo invitan y plasman en su forma preverbal.

Sin embargo, la cinematografía se aparta sistematicamente de esa musa que produce el animal de oriente y lo encasilla en su infernal rol devorador, principalmente en los films históricos de Roma.

La manipulación fílmica ha sido tan efectiva, que practicamente hay un lenguaje óptico establecido: rayas jaspeadas, toma de la jaula, un primerísimo primer plano de los colmillos, seguido de un rugido ensordecedor y finalmente una escena sangrienta.

 

"…Cunde la tarde en mi alma y reflexiono

que el tigre vocativo de mi verso

es un tigre de símbolos y sombras…"

 

Jorge Luis Borges

 

Sobre el celuloide entonces surgía el tigre carente de bondad, como sinónimo de maldad, que tenía que ser exterminado inmediatamente. Por esa imagen tergiversada y gracias a la fascinación de sus felinos ojos, el director galo se propuso crear una fábula familiar para el gran público.

La trama de "Two brothers" nace en los sagrados templos camboyanos de Angkor, en la Indochina de los años veinte, allí, dos cahorros son separados por un traficantes de arte oriental y vendidos a diferentes personas. Pero el destino hará que años más tarde, ambos sean enfrentados por seres humanos en un espectáculo.

Hay que anotar que Annaud es un caso sui generis dentro de la industria francesa, sus películas han recibido constantemente el respaldo de la critica y la bendición de una gruesa taquilla. Su primera cinta "La victoire en chantant" es una obra maestra, lastimosamente poco difundida; cuando se propuso adaptar el libro de Joseph Henry Rosny "La guerra del fuego" con la ayuda de Gérard Brach y Anthony Burgess, nadie se imaginó el éxito de lo que hasta hoy es la producción antropológica más importante del séptimo arte; le siguió "El nombre de la rosa" sobre la novela de Umberto Eco; la queridísima "El oso"; una polémica adaptación de "El amante" de la escritora y realizadora Marguerite Duras; filmó en Imax 3D: "Guillaumet wings of courage"; la desastroza "Siete años en el Tibet" -su lunar hasta la fecha- que se une a: "Pequeño Buda" y "Kundun" de Bernardo Bertolucci y Martin Scorsese, en lo que parece ser una incomprensión occidental de la temática Lama; y lo último que vimos de él, fue la extraordinaria superproducción "Enemy at the Gates" en 2001.

"Dos hermanos" repite en cierta forma el concepto visual utilizado en "El oso" -aunque menos naturalista- apoyado en la tecnología digital, el motion control y la robótica. Pero Annaud, no sólo intercala grandiosas escenas de los tigres en libertad, sino que la aparente sencillez de la historia requiere otro tipo de lectura.

La villanía atribuida a los tigres es un juicio propio del hombre que califica una condición moral, inexistente en los animales. Estos últimos no se permiten discernimientos éticos, sino que hacen lo que sus instintos les ordenan; por el contrario, el ser humano contempla diversos pisos de moralidad que lejos de ser acertivos, lo lanzan a interpretaciones viciadas de precisión.

Debido a la complejidad humana, los personajes del film actúan según sus principios. Para el aventurero Aidan McRory -interpretado por Guy Pearce- es importante hurtar las estatuas de los templos sagrados porque así conocerán la cultura de ese país en Europa, idea a la que se opone Naï-Rea como nativa por profanación religiosa, pero contradictoriamente incita a que maten los tigres de su región porque les tiene miedo. Igual acontece con el Administrador francés en Indochina, que libera de la cárcel al célebre cazador, aunque éste haya cometido un delito.

Resulta entonces que el enfrentamiento a muerte de los tigres, proviene de un capricho del ser que moralmente es superior a las bestias, contradiciendo la lógica que soporta la dignidad de la vida. Ese respeto a la existencia del otro, es lo que el director quiso mostrarnos desde el principio y que había presentado antes en "El oso".

Tal vez el verdadero tigre no es el animal, sino el hombre, que como en el poema de Neruda, acecha, ataca y mata. O todavía no hemos comprendido que la sustancia de lo real se evade en el follaje de las palabras, como lo ilustra Borges en "El otro tigre", que no es otra cosa diferente al argumento aristotélico del tercer hombre.

 

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