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Frases

 

 

"Después de todo,
el cine es el único sueño
que se tiene con los ojos abiertos"

Eliseo Subiela

 

 

"El hecho simple de

que mi perro me quiera más

que yo a él, constituye una

realidad tan innegable, que,

cada vez que pienso en ella,

me avergüenzo.


El perro está siempre

dispuesto a dar su vida por mí.


Si yo hubiera sido atacado

por un león o un tigre,
Ali, Bully, Tito, Staci y todos

los demás habrían afrontado

la desigual batalla,

sin titubear ni un instante,

para defender mi vida,

aunque sólo hubiera sido

por unos momentos.
¿ Y yo? "

Konrad Lorenz
Premio Nobel de Medicina 1973

 

 

"A fuerza de ver películas

y de amarlas
se tiene el deseo de realizarlas.


Ya no se va a la sala por azar,
sino con la voluntad de hacer cine"

François Truffaut

 

 

 

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2 octobre 2013 3 02 /10 /octobre /2013 12:25

 

Luego de un decenio de trabajo, el tercer y último libro: "Sobre relatos, cuentos y ensayos de cineclubes - 1913 / 2013 - Un siglo de cineclubismo", acaba de ser publicado por la Universidad de Cartagena bajo la coordinación de Freddy Badrán Padauí.


Compiladores: César Cortez Rz, Pierre Ángelo González, Nicolás Román Borré

 

Textos publicados:

 

Trenes rigurosamente cinematografiados de Rosario Cárdenas Téllez
No sólo de Cristos vive la mujer… de Alfonsina Silva
Tarta, vino y cineclub de Nicolás Román Borré
Cena entre amigos de Salvatore Spicuglia
Anotaciones sobre la difusión cineclubista de César Cortez Rz
Cineclubismo en Venezuela (1932-1966) de Nelson Pérez Rodríguez
El cine: una película que está cambiando de Alexander Amézquita Pizo
Contra el olvido de Jovani Jurado
Emoción y nervios en la sesión cineclubista. Una montaña de dudas de Julio Lamaña
Cine independiente a dos mil quinientos pesos de Carlos Calle-Archila
Pequeña oda al cineclubismo de Yimmy Restrepo Hamburger
Diario de una cineclubista de Inés Agresott González
El gacela de Alexander Cobo Ortiz
El público general no existe de Sergio Álvarez Uribe
Espejismo de César Cortez Rz
Risas conscientes de Vanessa Cantillo Mosquera
La formación de públicos como metodología disidente en el establecimiento educativo de Jaime Andrés Ballesteros Aguirre
Recuerdos del barrio de Nicolás Román Borré
Cine del pueblo, el primer cineclub de Felipe Macedo
El boletín en el cineclub de Cali de 1971 a 1979 de Yamid Galindo Cardona

 

 

Sobre relatos, cuentos y ensayos de cineclubes III

 

 

 

Exordio  

 

I

 

Describir el séptimo arte desde la mirada transgresora del cineclub (1). Ese precepto quedó establecido como la regla a seguir de una revista gratuita, escrita por cineclubistas, para cineclubistas, con el fin de aclarar ciertas imprecisiones históricas, en aras de defender una profesión desacreditada por ciertas instancias cinematográficas y otorgándole una libertad literaria a ciertas plumas impetuosas.

 

Todo era magnífico en aquel proyecto editorial. Los cineclubistas comenzaron a enviar sus artículos, César consiguió un espacio en la burocrática imprenta de la Universidad Nacional, Sorrel y Marlon habían obtenido una subvención de la Universidad Libre de Bogotá para que Ramiro Camelo dictara un taller de apreciación cinematográfica y él prometió la integralidad del dinero para los gastos de la publicación.

 

No sabemos en que nubes andaba Ramiro cuando entró al banco para cobrar el cheque del curso, tal vez en una película de Glauber Rocha, quizás en las curadurías de arte a las cuales se dedicaba. Lo cierto es que en la capital colombiana, hay que ingresar a las entidades crediticias con ocho ojos, cuatro manos y mil grados de desconfianza, lastimosamente nuestro amigo no lo hizo. Ramiro había guardado los billetes en su chaqueta, salió del establecimiento sin problema, caminó hasta la estación de bus y para asegurarse que la plata seguía allí, se tocó instintivamente el bolsillo... hubiésemos podido realizar un dolly zoom de su rostro, lo desplumaron sin que se diera cuenta, los pesos se esfumaron y también nuestra revista.

 

Así son los bocetos cineclubistas, cargados de buenas intenciones, repletos de un espíritu combativo, en contracorriente a las tendencias socialmente aceptadas y sin cinco centavos en la cartera. Seamos honestos, ¿algún lector conoce un cineclubista que gane dignamente su vida como tal?, ¿cuántos de entre nosotros han preferido pagar las copias del folleto antes que guardar ese dinero para comer?, ¿qué sentido tiene presentar una cinta sobre la espiritualidad nepalí en un mundo tan frívolo y capitalista?. Podríamos incluso afirmar que el cineclubismo es sinónimo de fracaso, nuestra labor es por naturaleza una suma de descalabros, entre más rara es la película, más ganas tenemos de proyectarla, lo que denota una especie de algolagnia intelectual.

 

II

 

Pero la testarudez es otra de las características del cineclubismo, y como es natural, la falta de unos papiros rectangulares –con los héroes de la patria en colores violáceos– no impediría que los ensayos de los compañeros de la lucha cinéfila se dejaran de imprimir en un elegante papel Kimberly. El obstáculo económico se asumió como un reto a la adversidad, no habría revista, ¡pero habrá libro!, no uno, sino una trilogía cineclubista.


Sin exagerar, estimo que la esquizofrenia es el último de los elementos ignotos del cineclubismo, parece ser que nuestra actividad no es una disciplina y según las fuentes oficiales tampoco una profesión cinematográfica. Estamos más cerca de la locura y del imaginario visual, que del mundo real... ¡qué alivio!

 

Para dicho libro, modificamos la orientación de la publicación, ya no era un compendio para justificar nuestra marginalidad, sino un volumen para construir y difundir las bases académicas de un saber que históricamente ha sido relegado al olvido. Por ello el enfoque consistía en alejarnos de los modelos de la crítica cinematográfica, de la redacción elitista, de la propaganda enciclopédica del cine, y fuimos más allá, al aceptar textos detractores del movimiento cineclubista para enriquecer el debate (2).

 

Salvo que el problema de los billetes llenos de ceros seguía vigente, ya que la UniversidadNacional nos pedía la mitad del rubro de imprenta. Sorrel y Marlon empeñaron todo lo que tenían, el papá de Marlon prestó algo y el acuerdo de coedición se firmó en el 2002. De esa forma nació el primer tomo de Sobre relatos, cuentos y ensayos de cineclubes, un diminuto impreso de bolsillo, casi insignificante, pero que nos recuerda una frase de Abu Shakur Balkhi: "La palabra que se dice, debe ser como el rubí, liviana, pero de gran valor".


El librito encantó... la prensa, los críticos, los cineastas, el público, todos estaban eufóricos, hasta las instancias gubernamentales que ven con malos ojos nuestra existencia, aplaudieron su llegada. El día del lanzamiento, los ejemplares se repartieron en la rueda de prensa como pan caliente, y la verdad es que nosotros estabamos tan contentos del éxito, que no tuvimos la precaución de solicitarle a los asistentes su pago. Los volúmenes restantes se distribuyeron
a cineclubistas de todo el país, con la condición de enviarle a Marlon el fruto de esas ventas, pero como es habitual en estos casos, los recursos nunca aparecieron.

 

III

 

Las vueltas alrededor del astro solar continuaron, Ramiro se instaló en Londres, Sorrel y Marlon crearon un grupo político en el Putumayo, César siguió trabajando en la Universidad Nacional y yo me vine a Francia con la idea de fundar un cineclub en tierras galas. Grave error del suscrito... acá el cineclub perdió su razón de ser y el movimiento cineclubista se encuentra al borde de la extinción (3).

 

El relevo editorial recayó entonces en la asociación nacional de cineclubes "La iguana", pero infortunadamente no se llevó a cabo, ya que el colectivo vivió momentos difíciles con la actitud irreverente y anárquica que siempre ha caracterizado a los cineclubes del país. Fue solo hasta el 2008 que Juan Alberto, Felipe Andrés y Armando, lanzaron la segunda convocatoria a nivel internacional para realzar las temáticas cinéfilas y valorizar las investigaciones cineclubistas.

 

Salvo que en ese año, estalló una crisis económica sin precedente, y el hecho de publicar una compilación sobre nuestro oficio –en aquel contexto– carecía de lógica según las instancias universitarias. Comenzó un arduo peregrinaje, o para ser exactos, un viacrucis, se tocaron puertas en casi todas las universidades, con la misma respuesta: interesante, pero... todos nos felicitaban de la calidad y la pertinencia de la obra, pero la maqueta del compendio no llegaba a la etapa de tiraje.

 

Cansados de ser sistematicamente excluídos y persuadidos de las luces que aportaba el segundo opúsculo, concertamos con Luis Augusto Vacca Melo y su editorial Pluma de Mompox, aventurarnos en equipo, con la imprenta de esos sueños ortográficos colmados de imágenes en movimiento. El triunfo académico y crítico de la propuesta gutenbergiana lejos de ser un accidente, fue el resultado y la consagración de un trabajo colectivo serio, comedido e indispensable, pero no ocurrió lo mismo con su comercialización, atenuada por las ingenuas exigencias de los compiladores y el destino de una parte de los ejemplares (4).

 

IV

 

Publicar es como dar a luz, siempre es doloroso, nada sale como se planifica, ansíamos la anestesia peridural y se encuentra agotada en el dispensario. Quien ahora escribe, confía en una promesa del jefe de publicaciones de la Universidad de Cartagena, que desea promulgar el tercer tomo, pero, por experiencia, sé que los elementos exógenos son imprevisibles en los organismos estatales.

 

Dicho centro universitario posee un lugar de privilegio en mi corazón, ya que hace dos décadas me formó como cineclubista, en sus aulas recibí las clases de derecho y los encuentros nacionales de cineclubes se efectuaban bajo su abrigo. Hay un lado místico en su sede principal, en el llamado claustro de San Agustín, donde uno puede volver a los origenes de la vida, una especie de manantial intelectual, en el cual todo el saber comienza, y donde, inexorablemente, algún día todo termina.

 

Si hay un tono de nostalgia en mis palabras es porque finalizar ésta misión marca el término de un prolongado ciclo, y, quizás, mi última contribución cineclubista. Llegó la hora del inventario, de la autocrítica, el momento de tomar distancia; por ejemplo, hubiese querido que alguno de los volúmenes tratara el tema de la legalidad, la ética o la moralidad de las proyecciones. Esto debido a la acusación recurrente, de tratar a los cineclubes como transgresores de la ley, en sus presentaciones de formatos no convencionales... sin embargo, jurídicamente no se atenta contra los derechos de autor, cuando se exhibe en video –aún sin autorización (5)– a diferencia de lo que hacen ciertas distribuidoras de cine, que comercializan cintas con los derechos vencidos, o que alquilan copias facilitadas gratuitamente por los realizadores.

 

El tema de la legalidad es más denso y complejo de lo que podemos imaginar. Tomemos un caso célebre en la historia: Henri Langlois, cineclubista y fundador de la Cinemateca Francesa. Durante decenios fue tildado de ladrón, debido a la obsesión que tenía de preservar las películas de cine mudo y por acumular cintas que debían ser quemadas a la salida de circulación. Él se apropiaba indebidamente de esos carretes, sin adquirir los derechos –y a veces–, en contra de la voluntad de los productores que detentaban su comercialización. Salvo que Langlois lo hacía con el propósito de conservar una muestra del patrimonio universal para las futuras generaciones, gracias a su esfuerzo, y a la restauración de los filmes en nitrato de celulosa, una parte importante de la cinematografía mundial nos es legada hoy día.

Más que un lamento, considero que hay un número significativo de temas que deben explorarse con detenimiento y que requerirían toda una nueva colección editorial. Sobre relatos, cuentos y ensayos de cineclubes, es la síntesis de una militancia, un acto político resultado de una lucha paralela en un momento preciso, que lejos de haber tenido la pretención de constituirse en la "única verdad", suscitó una reflexión y esculpió un pequeño episodio del cineclubismo.

 

V

 

El presente opus íncluye una erudita investigación sobre el primer cineclub, que contradice con argumentos sólidos, los dictamenes enciclopédicos de una historia errónea y parcializada donde el cineclubismo es casi inexistente; pasearemos en tren por Yalta, haciendo escala en Nijmegen, París, Marsella, Barcelona, Los Ángeles y Bogotá; recolectamos testimonios del recorrido y las dificultades de nuetro trabajo en Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia; con interés, leeremos el acertado reproche a una cierta tendencia cineclubista que omite la discusión y el análisis; para terminar, se estudia los anales del cineclub de Cali con el objeto de comprender el papel del boletín informativo en la lucha contra el cine dominante.


Solo nos queda como epílogo de la introducción, agradecer, a los ladrones de la capital colombiana por habernos "incitado" a cambiar de rumbo... sin ellos, lo más seguro es que nunca habríamos publicado la presente colección.

 

Nicolás Román Borré
Desde la orilla del Mediterráneo

 

***

 

1- Con el fin de conservar al unísono un estilo de escritura en el presente libro, hemos transcrito cineclub en una sola palabra, aún cuando éste viniera de un nombre propio, como fue el caso del cineclub de Cali, cuya grafía original estaba compuesta de dos vocablos separados. Desde hace años defendemos la tesis que en castellano, se debe redactar un solo término, ya que la locución: "ciné-club", creada en 1907, que conjuga el diminutivo de "cinéma" en francés y de la voz inglesa "club", tiene una significación lingüistica única. Es por esa razón que la vigésima segunda edición del diccionario –que se encuentra disponible en el portal internet de la Real Academia Española– enseña que cineclub es una sola palabra, cuya definición es: asociación para la difusión de la cultura cinematográfica, que organiza la proyección y comentario de determinadas películas.

 

2- Los compiladores se abstuvieron de toda censura en la selección de los artículos.

 

3- Por extraño que parezca, la disminución del cineclubismo en Francia es la consecuencia de la llamada "Exception culturelle française", ya que ella enriqueció la oferta audiovisual en casi todos los niveles de la vida social. Programas como: "Collège au cinéma" y "Ciné-lycée", financiados por los Ministerio de Cultura y Educación, en consorcio con el Centro Nacional de la Cinematografía, permiten cada año a millones de estudiantes ver cientos de películas, al mismo tiempo que se les imparte una formación y se debate al final de las proyecciones. Los espacios comerciales de Arte y ensayo –que cuentan hoy más de dos mil salas– son en parte auspiciados por fondos públicos, con la obligación de generar coloquios, encuentros y presentaciones de filmes en versión original. En los barrios, grupos juveniles, centros comunales y asociaciones cinematográficas, coordinan seminarios de realización, conferencias y ciclos de películas. Todo lo anterior hace que la sociedad francesa necesite menos a los cineclubes que en el pasado, y como dato curioso, la mayoría de los cineclubistas actuales son extranjeros.

 

4- Sin ninguna lógica mercantil se mantuvieron dos precios de venta, uno para el público general, y otro, con el 50% de descuento para los miembros del quehacer cinematográfico. / Una gran caja de ejemplares con destino a Madrid que hacía escala en Atlanta, fue abierto -confundido seguramente con un artefacto explosivo- y dejado a la intemperie hasta que se pudrió. En vano intentamos explicar a las autoridades estadounidenses, la diferencia que existe entre material "subversivo" y material "terrorista" de nuestros libros.

 

5- Hay dos tipos de derechos de autor, el primero es el derecho moral, que reconoce la paternidad de un autor como creador de la obra; el segundo es el derecho patrimonial, que el autor posee con el fin de obtener un lucro fruto de su creación. En una proyección gratuita, el derecho moral se encuentra garantizado por el ánimo de los cineclubes de difundir el trabajo del autor, a menudo desconocido; y el derecho patrimonial, permanece intacto, ya que no se cobra. / Igual acontece con los profesores en los salones de clases. / En los ejemplos anteriores, no existe una real vulneración a los intereses jurídicos protegidos por el legislador, pero la tendencia general, es de una exégesis legal desacertada. (Véase el proyecto de ley de nuestra autoría).

 

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