Lundi 10 août 2009 1 10 /08 /Août /2009 12:58




http://www.youtube.com/watch?v=jFWxCR_eLi4


La ONG francesa CIN-CO “Cinéma et coopération”, la Universidad de Cartagena y la editorial Pluma de Mompox, realizarán en homenaje a Víctor Nieto Núñez y Henri Langlois, el lanzamiento del libro:

SOBRE RELATOS, CUENTOS Y ENSAYOS DE CINECLUBES – TOMO II

Dicho evento se llevará a cabo el sábado 15 de agosto, en el marco del Festival de Cine Independiente de Mompox. Igualmente, se podrá apreciar ésta publicación, en la 22° Feria Internacional del Libro de Bogotá.

 

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PRESENTACIÓN

 

Las siguientes páginas rinden un cálido homenaje

a Víctor Nieto Núñez, Henri Langlois y a todos los

cineclubistas que han iluminado el sendero.

 

I

La esquizofrenia cineclubística es una enfermedad que la ciencia psiquiátrica no estima prioritaria dentro del campo de sus investigaciones. Dicha patología se diferencia de las adicciones del coleccionista cinéfilo o del crítico cinematográfico, en que éstos encuentran un deleite individual en la acumulación de objetos o en la suma de placeres intelectuales; en cambio, el cineclubista necesita compartir con un público la experiencia sensorial que lo emociona.

Los síntomas que permiten reconocer la anomalía comienzan por una kinetofagia bulímica, enrojecimiento conjuntival y avitaminosis por falta de luz solar. Los esquizofrénicos de esta índole fundan cineclubes en todas las instituciones que pisan; sus proyectores viajan en lomo de mula, saltan charcos en barriadas, se humedecen en chalupa y respiran las estrellas de la noche en las sesiones al aire libre.

 

II

Hace quince años un grupo de esos enfermos mentales se propuso crear en Cartagena de Indias un sistema de células cineclubistas por municipio, que establecerían a su vez redes regionales, que a su vez alimentarían una asociación nacional intitulada “La iguana”. Bajo el calor del momento, todo era posible: un proyecto de ley regulando la actividad, publicación sistemática de libros y revistas, un circuito especial de películas, encuentros y coloquios nacionales e internacionales.

Pero un golpe de realidad nos condujo a padecer las dificultades del medio asociativo colombiano y de su contexto sociocultural. El Ministerio de Cultura tiró a la basura nuestro proyecto legislativo, sufrimos la extinción de varios cineclubes fundadores, hubo una falta de continuidad en las redes regionales, se suicidaron algunos compañeros de nuestro grupo y la ausencia de apoyo por parte de las instituciones tampoco ayudó.

 

III

A pesar de todo, la anomalía psiquiátrica nos impulsa a caminar… no al ritmo querido, pero se anda. Fruto de ese trabajo es el segundo tomo de Sobre relatos, cuentos y ensayos de cineclubes, donde confluyen en un mosaico interesante, pensamientos disímiles e inquietudes de todas las latitudes. Esa es la razón por la cual encontramos desde un estudio académico del espectador de los cineclubes en Brasil, hasta las aventuras en el interior de una sala porno en Cali; seguimos las falanges móviles de un asistente en Pereira, hasta la búsqueda frenética de la Cinemateca Francesa; analizamos el cine como artificio, mientras constatamos la ilegalidad de las proyecciones en los muros capitalinos.

Nuestra editora, la siempre querida “Nacho”, nos decía que el libro estaba planillado, que seguíamos en la lista de espera, que no nos preocupáramos, que ya iba a imprimirse. Las semanas pasaron, luego los meses, y nada, silencio de imprenta… alguien de poder nos dijo la verdad: “No lo quieren publicar porque no hay estudiantes, sólo algunos egresados de la Nacional”. Agarramos motetes y nos trasladamos a La Heroica. Allí contactamos a un cineclubista de los años setenta que posee contactos en las altas esferas, hablamos con el rector de la Universidad de Cartagena -quien nos otorgó su bendición- y aquí estamos.

 

IV

Mi esquizofrenia cineclubística comenzó -sin saberlo- por un reto del director del Festival de Cine de Cartagena. La imagen que tenía de ese señor era -como todas aquellas ideas frívolas que provienen de los medios- la de un hombre acaudalado, rodeado de mujeres hermosas y que se paseaba por el mundo de festival en festival. Por eso nuestro primer encuentro tuvo el mérito de destruir el mito, y sin que él lo supiera, de encaminar mis pasos hacia un cineclub… él estaba afuera del baluarte porque el aire acondicionado no funcionaba, me acerqué, le pregunté por una cinta argentina que el festival había exhibido, y que yo deseaba adquirir: “¡Ufffff, mijo!”, me respondió. “En ninguna parte la vas a encontrar”. Luego vino su habitual carcajada generosa, y un consejo: “¡Ponte a buscar otra cosa!”… aunque yo seguí indagando por la cinta, aquel día descubrí a Víctor Nieto Núñez.

Dos años más tarde -con una copia de cuarta generación del filme argentino- me dirigí al Festival, no para decirle que la tenía, sino para informarle que los cineclubes queríamos reunirnos con él. Lo que debía ser una conversación de tres minutos, duró toda la tarde, era como un libro abierto. Allí me enteré de las graves dificultades financieras del Festival, de que estaba fielmente casado con la extraordinaria Mary Luz, de la pérdida de Víctor Enrique… durante esas horas, con un rostro humano y frágil, emergió Don Víctor.

En octubre de 1998, organizamos Homenaje al cine. En dicho evento, Pedro Narváez, proyeccionista oficial del Festival, vió por primera vez Cinema Paradiso, a pesar de haber exhibido y maniobrado sus bobinas; la familia del cineclubista Luis Fernando Calvo recibía una distinción por la incomparable labor de difusión cinematográfica; y el director del Festival, apreció su filme idílico: El ladrón de Bagdad, 74 años después de que su padre le revelara a un tal Douglas Fairbanks. Al final de la función, sus lágrimas me mostraron la magnitud de su alma infantil y yo pude conocer a Don V.

 

Nicolás Román Borré

 

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CONVOCATORIA

SE RECIBEN TEXTOS, ARTICULOS, CUENTOS, ENSAYOS Y HASTA LADRILLOS PARA EL TERCER TOMO DE:

SOBRE RELATOS, CUENTOS Y ENSAYOS DE CINECLUBES

FAVOR REMITIR SUS ESCRITOS A: association_cinco@yahoo.fr

 

 

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AUTORES PUBLICADOS

 

SOBRE RELATOS, CUENTOS Y ENSAYOS DE CINECLUBES – TOMO II

César Cortez Rz

Francine Nunes da Silva

Gabriela Amar

Alexander Amézquita Pizo

Felipe Moreno Salazar

Rubén Darío Mejía S

Claudia Jaramillo

Nancy J. González Coca

Pierre Ángelo González

Oscar Pico

Jaime Andrés Ballesteros Aguirre

Nicolás Román Borré

Juan Alberto Niño Jiménez

Jairo Cruz Silva

Augusto Otero Herazo

 

 


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Mercredi 8 avril 2009 3 08 /04 /Avr /2009 17:35

Por: Nicolás Román Borré

La esquizofrenia cineclubística es una enfermedad que la ciencia psiquiátrica no estima prioritaria dentro del campo de sus investigaciones. Dicha patología se diferencia de las adicciones del coleccionista cinéfilo o del crítico cinematográfico, en que éstos encuentran un deleite individual en la acumulación de objetos o en la suma de placeres intelectuales; en cambio, el cineclubista necesita compartir con un público la experiencia sensorial que lo emociona.

Los síntomas que permiten reconocer la anomalía comienzan por una kinetofagia bulímica, enrojecimiento conjuntival y avitaminosis por falta de luz solar. Los esquizofrénicos de esta índole fundan cineclubes en todas las instituciones que pisan; sus proyectores viajan en lomo de mula, saltan charcos en barriadas, se humedecen en chalupa y respiran las estrellas de la noche en las sesiones al aire libre.

 


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Lundi 1 décembre 2008 1 01 /12 /Déc /2008 21:14

 

Por: Nicolás Román Borré

 

“El ritmo fílmico de la India no se amolda al nuestro...

hay que abandonar toda idea de una aritmética o equivalencia humana”

 

Jean-Claude Carrière

 

Reconozco que no es fácil hacer un listado con lo más sobresaliente del séptimo arte... sin duda, es un álgido punto en donde las preferencias artísticas, la historia, la sociología y la manera deontológica de estudiar las cintas influyen en el criterio del seleccionador.

 

En el pasado, dicha tarea fue acometida con cierto éxito por Luis Alberto Álvarez (La historia del cine en cien películas), Barry Norman (100 best films), Augusto M. Torres (Quinientas grandes películas), igualmente, hubo decenas de encuentros, simposios y festivales en donde se reunieron realizadores, críticos e historiadores del celuloide en torno a una rigurosa antología.

 

Libros como “Las mil cintas que debes ver antes de morir” y “Producciones inolvidables”, alimentaban la hoguera de una clasificación piramidal que, si somos honestos, es injusta, ya que los elementos estéticos e históricos de una obra siempre varían dependiendo de quien la observa, de su experiencia personal, de sus referencias sociales y de su visión subjetiva.

 

Pues bien, aún sabiendo eso, la publicación de “Los 100 filmes para una cinemateca ideal” despertó toda mi curiosidad, ya que era Cahiers du cinéma quien editaba, bajo la tutela de Claude-Jean Philippe y a la votación fueron invitados 78 grandes especialistas.

 

Sinceramente no puedo describir qué sentimiento me embarga, de pronto es la frustración de ver cuán pendejo e ingenuo soy... yo creía que como se trataba de una Cinemateca ideal, al fin se haría justicia a las creaciones documentales, experimentales o de animación (1) que han sido sistemáticamente excluidas de esos repertorios (2). Yo soñaba, por ejemplo, que “Las estaciones” de Artavazd Pelechian -que por su belleza del montaje, de superior nivel que “Ciudadano Kane” o “El acorazado Potemkin”- estuviera en dicha selección, al igual que “Koyaanisqatsi”, “Nanuk el esquimal”, “El hombre de la cámara”, “A propósito de Niza”, “Baraka”... en animación, "Fantasía", "La tumba de las luciérnagas" y "The nightmare before christmas". Pero lo peor no es eso, lo terrible de ese Top 100 es el grave olvido de filmes históricamente esenciales. Yo pregunto ¿dónde están?:

 

El gabinete del doctor Caligari

Casablanca

El ángel azul

El séptimo sello

La strada

El nacimiento de una nación

Zemlya

Chinatown

Novecento  

El sol del membrillo

Sunset Boulevard

Los olvidados

Metrópolis

La confesión

El ladrón de Bagdad

Las zapatillas rojas

Duck soup

El chico

A matter of life and death

Zorba el griego

Lo que el viento se llevó

Blowup

Cabaret

Easy rider

Adiós a mi concubina

Breve encuentro

The wall

Habitación con vista

Blade runner

El espejo

Pather panchali

El tercer hombre

De aquí a la eternidad

 

¿Por qué esa amnesia brutal sobre el nuevo cine alemán, el cinema novo brasilero, todos los cineastas del este de Europa, el free británico? 

 

¿Acaso, Theodoros Angelopoulos, David Lean, Shohei Imamura, Dziga Vertov, Rainer Werner Fassbinder, Serif Gören y Yilmaz Güney, Tomás Gutiérrez Alea, Zhang Yimou, John Grierson, Fred Zinnemann, Krzysztof Kieslowski, Johan van der Keuken, Robert Kramer, Aleksandre Dovshenko, Martin Scorsese, Frederick Wiseman, Bernardo Bertolucci, Robert Altman, Peter Greenaway, Milos Forman, Lars von Trier, Takeshi Kitano, Terrence Malick, Wim Wenders, Jim Jarmusch, Serguéi Paradzhanov, Robert J. Flaherty, Gus Van Sant, Santiago Álvarez, Sam Wood, Kean Loach, Jane Campion, Sydney Pollack, Joris Ivens, Abbas Kiarostami, Ettore Scola, Terry Guilliam, Norman McLaren, Jean Rouch, Carol Reed, Costa-Gavras y Pier Paolo Pasolini, no merecen un lugar de privilegio?

 

En los últimos lustros, cintas como: “Underground”, “El piano”, “Trainspotting”, “El tigre y el dragón”, “Pulp fiction”, “Lagaan”, “Historia de Lisboa”, “The pillow book”, “Azul”, “Los niños del cielo”, “Rompiendo las olas”, “In the mood for love”, “Ed Wood”, “Le fabuleux destin d'Amélie Poulain”, “Akira Kurosawa's dreams”, “Festen”, “Requiem for a dream”, “Microcosmos”, “Amores perros”, “Memento”, “Los amantes del círculo polar”, “El sabor de las cerezas”, “Tuvalu”... ¿qué?, ¿no merecen al menos una alusión?. También existe un silencio imperdonable sobre el cine contemporáneo iraní, chino, rumano, coreano, indio y latinoamericano.

 

Empecé el presente texto con enojo, porque la omisión de ciertos nombres me parecía una afrenta a la verdad, por lo que aproveché para citar determinadas obras (3)... después vino la decepción de un Top cuyos límites no son nada evidentes, pero ahora -con algo de calma- reflexiono con tristeza y constato que cualquier tentativa de clasificación es en sí misma una discriminación.

 

¿De dónde viene esa manía de seleccionar The best of the best?... esa no es más que una alienante costumbre de querer tabular, establecer, graficar y reducir la creación humana a una simple cifra. Si un filme le toca en lo más profundo del alma, ese será para usted -en todo caso-, una creación de alto nivel, independiente de la opinión del resto de los mortales.

 

En una Cinemateca ideal no solo hay que revivir los clásicos o apreciar todos los géneros cinematográficos, sino también conocer las pequeñas producciones de todos los horizontes, estudiar las tendencias innovadoras que reinterpretan las reglas estéticas, o que las destruyen por completo.

 

Philippe Faure-Brac, famoso catador francés, asegura que cada vez que alguien le pide un gran vino -que la persona ya ha probado y recuerda con emoción- él responde: “Yo le sugiero saborear otro diferente, porque aquel momento es irrepetible, usted no es el mismo, las circunstancias son diferentes y corre el riesgo de una gran decepción... guarde esa reminiscencia como un instante mágico, e intente crear, con la degustación de otro vino excepcional, un nuevo, pero único estado de felicidad”.

 

Considero que la analogía entre el cine y el vino es pertinente. Por eso, yo anhelo nuevos estados audiovisuales, que vengan otros instantes de absoluta belleza y ternura frente a una pantalla, no con el objetivo de negar una historia, o de resumir el séptimo arte a unos títulos inamovibles... sino para que la lista progrese, se nutra -y sobre todo- aumente.

 

 

 

***

 

(1) Barry Norman incluye “Bambi” en su lista.

(2) Erróneamente se ha llegado al colmo de asimilar el término “película” únicamente a las producciones de ficción.

(3) De igual modo, los lectores podrán preguntarse por la suerte de otros títulos no incluidos, a ellos les digo que no se trata de un olvido... el catálogo sigue abierto.

 

***

 

100 films pour une cinémathèque idéale

 

Citizen Kane de Orson Welles

The night of the hunter de Charles Laughton

La règle du jeu de Jean Renoir

Amanecer de F. W. Murnau

L’atalante de Jean Vigo

M de Fritz Lang

Cantando bajo la lluvia de Stanley Donen y Gene Kelly

Vértigo de Alfred Hitchcock

Les enfants du paradis de Marcel Carné

La prisionera del desierto de John Ford

Greed de Eric von Stroheim

Rio bravo de Howard Hawks

To be or not to be de Ernst Lubitsch

Viaje a Tokyo de Yasujiro Ozu

Le mépris de Jean-Luc Godard  

Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi

Luces de la ciudad de Charles Chaplin

El maquinista de la general de Buster Keaton

Nosferatu de F. W. Murnau

Salón de música de Satiajit Ray

Freaks de Tod Browning

Johnny guitar de Nicholas Ray

La maman et la putain de Jean Eustache

El gran dictador de Charles Chaplin

Il gattopardo de Luchino Visconti

Hiroshima mon amour de Alain Resnais

Die büchse der pandora de G. W. Pabst

North by northwest de Alfred Hitchcock

Pickpocket de Robert Bresson

Casque d’or de Jacques Becker

The barefoot contessa de Joseph Mankiewicz

Moonfleet de Fritz Lang

Madame de... de Max Ophuls

Le plaisir de Max Ophuls

The deer hunter de Michael Cimino

L’avventura de Michelangelo Antonioni

El acorazado Potemkin de S. M. Eisenstein

Notorious de Alfred Hitchcock

Iván el terrible de S. M. Eisenstein

El padrino de Francis Ford Coppola

Touch of evil de Orson Welles

El viento de Victor Sjöström

2001 odisea en el espacio de Stanley Kubrick

Fanny y Alexander de Ingmar Bergman

The crowd de King Vidor

8 1/2 de Federico Fellini

La jetée de Chris Marker

Pierrot le fou de Jean-Luc Godard

Le roman d’un tricheur de Sacha Guitry

Amarcord de Federico Fellini

La belle et la bête de Jean Cocteau

Some like it hot de Billy Wilder

Some came running de Vicente Minnelli

Gertrud de Carl T. Dreyer

King Kong de Ernst Shoedsack y Merian J. Cooper

Laura de Otto Preminger

Los 7 samurais de Akira Kurosawa

Les 400 coups de François Truffaut

La dolce vita de Federico Fellini

The dead de John Huston

Trouble in paradise de Ernst Lubitsch

Que bello es vivir de Frank Capra

Monsieur Verdoux de Charles Chaplin

La passion de Jeanne d’Arc de Carl T. Dreyer

À bout de souffle de Jean-Luc Godard

Apocalypse now de Francis Ford Coppola

Barry Lindon de Stanley Kubrick

La grande illusion de Jean Renoir

Intolerancia de David Wark Griffith

Partie de campagne de Jean Renoir

Playtime de Jacques Tati

Roma, città aperta de Roberto Rosselini

Senso de Luchino Visconti

Tiempos modernos de Charles Chaplin

Van Gogh de Maurice Pialat

An affair to remember. de Leo McCarey

Andrei Roublev de Andrei Tarkovski

The scarlet empress de Josef von Sternberg

El intendente Sansho de Kenji Mizoguchi

Hable con ella de Pedro Almodóvar

The party de Blake Edwards

Tabu de F. W. Murnau

The bandwagon de Vincente Minnelli

Nació una estrella de George Cukor

Les vacances de monsieur Hulot de Jacques Tati

America America de Elia Kazan

El de Luis Buñuel

Kiss me deadly de Robert aldrich

Once upon a time in America de Sergio Leone

Le jour se lève de Marcel Carné

Carta de una desconocida de Max Ophuls

Lola de Jacques Demy

Manhattan de Woody Allen

Mulholland drive de David Lynch

Ma nuit chez Maud de Eric Rohmer

Nuit et brouillard de Alain Resnais

La quimera del oro de Charles Chaplin

Scarface de Howard Hawks

Ladrón de bicicleta de Vittorio de Sica

Napoléon de Abel Gance

 


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Samedi 20 septembre 2008 6 20 /09 /Sep /2008 21:07



Por: Nicolás Román Borré
 
Lo de arriba procede de lo de abajo,
y lo de abajo procede de lo de arriba,
obra de las maravillas del uno.

Hermes Trimegisto
 
Cineclubista que se respete, ha osado en alguna oportunidad una temeraria retrospectiva del cine silente húngaro, soviético, japonés o estadounidense. Tal vez, los carteles anunciaron Berlin Alexanderplatz de Fassbinder sin intermedios; al igual que una proyección de cualquiera de las interminables obras fílmicas de Andy Warhol.
 
Lo más seguro es que algunas bombillas del viejo proyector Eiki se quemaron en medio de la función, pero sigilosamente hicimos lo necesario para continuar, muy a pesar de los ronquidos del señor que viene siempre a dormir al cineclub, o de la ausencia de espectadores.
 
En el último caso, ¿qué deberíamos hacer si la sala está vacía?... ¿Apagar los equipos?, ¿encender las luces?, ¿o esperar por si alguien más decide venir?... Y si al inicio de nuestra labor no hay público... ¿No proyectamos? 
 
Yo sé que en este mismo instante, algunos de mis escasos lectores sonríen, porque se vieron confrontados con dicho dilema ético de cancelar un evento. Estamos totalmente de acuerdo en que si bien el objetivo no es llenar la sala –ya que lo principal es la educación del asistente gracias a los clásicos, o a obras contemporáneas innovadoras–, tampoco es placentero encontrarse con un auditorio que devuelve el eco de nuestros pasos.
 
Recuerdo la primera vez que me interrogué al respecto. Aquel día, exhibíamos El nacimiento de una nación, de  David W. Griffith, y al finalizar la cinta no había nadie a mi alrededor. Para ser sincero, un sentimiento de decepción me embargó el alma; una tristeza debida a los grandes esfuerzos que realizamos para presentar esa película, cuya copia nos fue remitida directamente desde Nueva York.
 
Yo no comprendía, pues se trataba de algo monumental; hubo incluso un extenso artículo en la prensa local; pegamos afiches por todas las universidades; el suscrito se jaló una súper introducción digna de Cicerón… Y sin embargo, ninguna persona resistió hasta el final. En la penumbra, yo los veía uno a uno desfilar; huían como si se tratara de algo horrible. Pero guardé la esperanza, ya que en el fondo del salón, dos asistentes parecieron comprender la importancia histórica del filme.
 
Ah, ¡pero no!, ¡me equivoqué!, en realidad, no había nadie, estaba solo en el aula, y la cuestión de saber si valía la pena terminar una programación en esas circunstancias rondaba mi cabeza... Sentí de pronto una mano que se posó cariñosa sobre mi hombro, y escuché un melodioso: “gracias por la proyección”. Levanté ilusionado la vista para apreciar a mi interlocutor, y nada... Miré a la derecha, a la izquierda, corrí hasta el pasillo y nada, nadie... Un hondo silencio impregnó el recinto, mi piel se puso de gallina, el corazón latió a paso redoblado; mejor dicho, ¡me cagué de miedo!.
 
Ya ni me acuerdo si aquella noche aseguré los equipos o bajé las cuñas eléctricas. Lo único que sé, es que en un santiamén estaba caminando por las calles como si nada hubiese pasado, sonriendo cual pendejo a todos  los transeúntes anónimos que tropezaba de regreso a casa. Transcurrieron las semanas diciéndome que eso que pasó eran invenciones mías; que había imaginado todo debido a que yo estaba cansado de estudiar para un larguísimo parcial de Derecho Civil III; en definitiva, que todo era absolutamente irreal. 
 
No le comenté a nadie –sobretodo para evitar el ridículo–, he intenté seguir mi vida tranquilo, dándole a la lucha cotidiana. Pero la paz sólo duró un tiempito, hasta que nuestro cineclub acometió un ciclo de cine de los años noventa en el Paraninfo de la Universidad de Cartagena.
 
Siendo el responsable de las funciones, tenía que verificar una hora antes de cada evento que todo estuviese en orden, hacer las pruebas de sonido, bajar el telón, encender el proyector, fotocopiar el plegable, etc. Al entrar por la puerta de servicio, me sorprendí porque ya se encontraban allí unos espectadores, pero no les presté mayor atención. Entonces conecté el equipo y, de repente, me puse a pensar, ¿cómo era posible que ya hubiese público si aún no era la hora?, además, las llaves del auditorio las tenía en mi bolsillo. En consecuencia, volví mi rostro hacia los asistentes  y, de nuevo, me encontré frente al vacío.
 
La palidez de mi rostro se asemejaba al color de las baldosas del Paraninfo*, y mis manos se pusieron frías... Pero no me moví, quedé inmóvil como cuando jugaba en la infancia a “la estatua”. Ahora no estaba cagado, ¡más bien petrificado!, si la primera vez yo estaba agotado, era tarde, la cinta –por su ritmo– era difícil de asimilar, ahora no tenía excusa; me encontraba en buena forma, recién bañado, bien despierto y absolutamente consciente.
 
Los minutos pasaron y yo seguía rígido. Esperaba que algún camarada del cineclub viniera en mi auxilio. Pero nada, de nuevo nadie a mi lado, se me olvidó hasta como me llamaba... Poco a poco, la calma volvió generosa, las mejillas recobraron su tonalidad, los músculos se activaron, el cerebro se puso de nuevo en marcha. Entonces, aproveché para salir precipitadamente a tomar el oxígeno marino y húmedo de Cartagena de Indias, que nos estimula con su olor de caracuchas.
 
Intentaba poner las cosas en perspectiva. Me decía a mi mismo que simplemente alucinaba; quizá se trataba de un problema freudiano insatisfecho cuando era bebé; alguna neurona con flojera que enviaba códigos y mensajes erróneos; en fin... Tomé la determinación de no entrar al aula hasta que alguien corpóreo llegase, pero mis reflexiones fueron interrumpidas por una voz que susurró: “No te asustes, vinimos a ver el filme”.
 
Yo estudiaba medicina legal y psiquiatría como optativas de la carrera de Derecho; por eso, al reconocer que escuchaba voces, comprendí que existía un problema. Mi subconsciente repetía una y otra vez: “¡La vaina está grave, viejo Nico!”. Y sin embargo, la racionalidad de mi auto-análisis se esfumó al oir de nuevo a esos compañeros etéreos: “Tranquilo, somos cinéfilos”.
 
La palabra mágica se pronunció en el momento justo: “cinéfilos”... es decir, eran espíritus amantes del cine –como yo–; la diferencia estaba en que eran de otra dimensión. El asunto me pareció más coherente, lógico: ellos no vinieron a presenciar mi muerte ni a saldar cuentas conmigo. De suerte que el pánico se esfumó, al igual que sus rostros vaporosos.
 
Los años siguieron pasando, los ciclos fluían, al igual que las instituciones que nos albergaban: Casa España, Club Cultural Vlad, Aula Máxima, Museo Naval del Caribe, Museo de Arte Moderno, Bellas Artes, Quiebracanto, Universidad Jorge Tadeo Lozano, Alianza Colombo Francesa, Castillo de San Felipe, Teatros, Centros Culturales, Universidad Libre, Plazas del Centro y una variada lista de Barrios populares. Éramos un grupúsculo subversivo de la imagen, que se enfrentaba con todas las armas ideológicas del tercer mundo al imperio avallasador del cine comercial. Documentales, clásicos, ladrillos, trabajos experimentales, conferencias, foros, mesas redondas, artículos, folletos, crónicas, incluso lecturas de poesía fueron integradas en nuestra actividades.
 
Por eso ahora, cuando se cuestiona la vigencia –o la importancia– de la actividad cineclubística, frente al problema de la falta de público, estimo necesario ilustrar que nuestra labor va más allá –¡literal y metafóricamente hablando!– del recinto donde proyectamos o discutimos una obra. Ya que en todos esos sitios, sin importar el título de la película, muy a pesar de los primitivos instrumentos audiovisuales de lucha, a veces sin grandes conocimientos sobre la copia a exhibir, Ellos siempre nos acompañan; Ellos, los incondicionales cinéfilos del mundo astral.

* El Claustro de San Agustín –sede principal de la Universidad de Cartagena– está lleno de historias sobre seres que transitan por sus pasillos. Al hablar con los vigilantes que trabajan por las noches, varias historias de esa índole afloran sin mayores complejos alrededor del Paraninfo. Los colores de las cortinas, baldosas, silletería, son de un ocre claro, con marcada tendencia surrealista.


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Samedi 3 mai 2008 6 03 /05 /Mai /2008 13:00
 



Por: Nicolás Román Borré
 
"Ante la oscuridad de la sala,
el espectador se halla tan indefenso
como en la silla del dentista"


Andrés Caicedo




Las primeras imágenes que logramos apreciar de Sabine Bonnaire son difíciles, duras, por no decir, incómodas.  Es casi una irritación, o un estado de indefensión, el que sentimos, porque cada vez que nos vemos enfrentados a la anormalidad, dudamos de la conducta que debemos asumir.
 
¿Cuál es el sentimiento que normalmente aflora: piedad, lástima, acaso compasión, o de pronto una fría racionalidad?... En la sala oscura no hay tiempo para mayores análisis, ya que sobre esa gran pantalla blanca, Sabine está presente. Ella es autista, babea, insulta, golpea y nos cuestiona inconscientemente.
 
Ella es el objeto de un retrato fílmico realizado por su hermana: Sandrine (1), en el cual la directora se interroga por lo que le aconteció a Sabine al ser internada cinco años en un sanatorio mental. Además, critica la ausencia de lugares apropiados para ese tipo de enfermos.
 
La escena siguiente es de archivo, un video familiar, donde vemos a las dos hermanas bailar. Una es rubia y la otra morena; la primera es actriz y la otra una enferma; la rubia es famosa y la morena una desconocida. Dos rostros de una belleza gala, pero con senderos diversos.
 
Sabine “la loca” –como le decían en la escuela– era capaz de interpretar a Bach o Schubert, componía música, tejía suéteres, elaboraba muñecas, estudiaba inglés y geografía.  Al mismo tiempo, Sandrine “la comédienne” acumulaba roles de importancia mayor en: À nos amours, Sin techo ni ley, Monsieur Hire y La cautiva del desierto.
 
Años después, las dos caras de la moneda se encuentran de nuevo sobre el material fotosensible. Pero esta vez la morena no es fotogénica, engordó, habla con dificultades, repite las mismas preguntas. Su discapacidad empeora y su poca autonomía desapareció. La rubia, a su vez, con ayuda de dos técnicos de Claude Chabrol, la filma con un rigor impecable; soporta inclusive los golpes de su hermana, la sigue por todas partes, estudia su comportamiento e intenta obtener algunas respuestas.
 
Los postulados de la realizadora son claros: 1- al morir su hermano mayor, Sabine se sintió desamparada y su dolor fue transformado en violencia. 2- Seguido al cambio de comportamiento, ella debió ser recluida cinco años en una institución mental. 3- Durante ese lustro, los médicos no sabían que tenía. 4- Gracias a los medicamentos, las camisas de fuerza y un intento de suicidio, la enfermedad de Sabine empeoró.
 
El documental de Sandrine Bonnaire tiene la inteligencia de no acusar a nadie en particular, aunque al mostrarnos el paralelo de aquellas imágenes vivaces de su hermana durante dos décadas, y luego contraponerlas a las actuales, las deducciones a las cuales llegamos son inapelables: el conjunto de elementos que constituía la esencia y personalidad de Sabine fueron aniquilados por la falta de un diagnóstico (2) y de centros adecuados.
 
Sin embargo, la directora no oculta la complejidad de la situación; ella misma confiesa los intentos fallidos de vida en común de Sabine con los miembros de su familia. Además, en la película están registradas algunas tomas de agresión; por ejemplo, cuando Sabine lesiona a una enfermera con un tenedor. En este sentido, la salida fácil y recurrente no es utilizada: generalmente los responsables son siempre los demás.
 
La estructura del montaje asume con sobriedad la problemática de los autistas; su ritmo aborda con justeza un tema tan doloroso para Sandrine Bonnaire (como para todos los familiares en igual situación) y su documental fluye contundente desde su interior hasta nuestras almas con una pureza inusual.     
 
*************
(1) La musa de Maurice Pialat. Igualmente ha interpretado personajes para: Agnès Varda, Claude Chabrol, Régis Wargnier, Patrice Leconte, André Téchiné, Jacques Rivette, Jean-Pierre Améris, etc.
(2) Años después Sabine entró a una casa experimental que cuenta con varios tipos de pacientes. Allí es diagnosticada como Psico-infantil de comportamientos autistas.
 
Título : Elle s’appelle Sabine
Documental - 85 minutos
Directora: Sandrine Bonnaire
Cannes 2007 – Premio de la critica internacional


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Frases

 

 

"Después de todo,
el cine es el único sueño
que se tiene con los ojos abiertos"

Eliseo Subiela

 

 

"El hecho simple de

que mi perro me quiera más

que yo a él, constituye una

realidad tan innegable, que,

cada vez que pienso en ella,

me avergüenzo.


El perro está siempre

dispuesto a dar su vida por mí.


Si yo hubiera sido atacado

por un león o un tigre,
Ali, Bully, Tito, Staci y todos

los demás habrían afrontado

la desigual batalla,

sin titubear ni un instante,

para defender mi vida,

aunque sólo hubiera sido

por unos momentos.
¿ Y yo? "

Konrad Lorenz
Premio Nobel de Medicina 1973

 

 

"A fuerza de ver películas

y de amarlas
se tiene el deseo de realizarlas.


Ya no se va a la sala por azar,
sino con la voluntad de hacer cine"

François Truffaut

 

 

 

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