Jeudi 29 septembre 2011 4 29 /09 /Sep /2011 09:47

  THE-LITTLE-FUGITIVE.jpg

 


Por: Nicolás Román Borré

 

Recibí muchas veces la invitación del cineclub anarquista, pero la temática de su programación se apartaba un poco de mis gustos cinéfilos. Llegué al bar -mejor dicho, al garaje- con un sentimiento contradictorio, ya que sabía por los afiches que allí programaban cine gore, cine B, e incluso cine C -del cual desconocía su existencia-.

 

A menudo proyectaban los títulos de Demofilo Fidani bajo el pseudónimo de Miles Deem,  cintas de Carlos Aured, George Andrew Romero y Kenji Misumi… mucho cine zombie, horrores con salsa de tomate en afluentes y filmes sugestivos como Jesus Christ Vampire Hunter.

 

Lo que me hizo ir aquella noche, fue una proyección (1) sobre el golpe que derrocó al gobierno legítimo de Manuel Zelaya en Honduras y un debate sobre las implicaciones de los estadounidenses en la maniobra.

 

Era mi primera visita en un espacio anarquista marsellés, por lo tanto dicho garaje se constituyó en una ventana real de las teorías del pensador Piotr Kropotkin. Decorado con pinturas góticas que mezclaban desnudos encadenados; muros oscuros; estantes repletos de cuadernillos contra la opresión estatal; diversos manuales para liberarse del yugo social y efectuar una revolución inmediata; una hilera de computadores libres para surfear y hackear; una completa plataforma acústica; un estudio de televisión aficionado con fondo verde; una cámara Sony PD 170 y otra Panasonic AG 200; mucha ropa, buzos y abrigos para quien lo necesite; y finalmente, una pancarta gigante que decía: Todo es gratis, sírvase.

 

Entre los panfletos subversivos que hojeaba, me interesé en aquellos con tendencia ecológica; me estacioné un rato para leer en ese rincón, cuando de repente, una mano perfumada con Santalum tomó un ejemplar similar al mío y me advirtió su presencia. La ví y quedé estupefacto. Imposible no admirarla: pómulos de nácar, labios góticos, cabello punk, un escote más osado que el de Maila Nurmi en su personaje de Vampira y que hacía resaltar la perfección de sus senos. Un vestido negro ceñido al límite de la indecencia y un cuerpo que gritaba al mundo la exuberancia sensual de la naturaleza.   

 

Increíblemente hermosa -y ella lo sabía-, su rostro estaba adornado con un piercing en la nariz, que le daba un aire de Lisbeth Salander, como el personaje de Stieg Larsson. Esta elfina irreal de Millennium se volvió muy carnal cuando me dirigió la palabra: "Dímelo todo" -dijo-, pero yo no respondí. Después de verla andaba en otra dimensión, para ser exacto, tarareaba en mi cabeza Marie de Damien Saez:

 

T'es trop jolie, Marie

bien plus jolie que Paris, Marie

bien plus belle que la nuit

plus jolie qu'Arletty

plus jolie que Les enfants du paradis.

Et puis t'es si bonne, Marie

avec tes seins qui pointent

comme les cathédrales

on dirait Notre-Dame

on dirait les pyramides. (2)

 

Ella repitió más fuerte: "¡dímelo todo!". Por su tono comprendí que no se trataba de coquetería, era un reto intelectual, directo, un grito de combate, lejos de cualquier imaginario carnal.

 

La chica tenía veinte años como máximo, sus hormonas revolucionarias, ávidas de ideas frescas, se paseaban entre los asistentes para calmar su sed de injusticia social. En sus ojos se leía el hambre de lucha y yo era simplemente el tipo de turno.

 

Le hablé de las frustraciones de la izquierda en el viejo continente; de sus fracasos -que también son nuestros-; sobre la complejidad de definir una vertiente progresiva de un país al otro, como es el caso de los Estados Unidos; acerca de la fosilización del partido comunista; del olvido de la Internacional en el siglo XXI y del mito Trotskista; sobre el anarquismo colectivista; cité a Sébastien Faure, Pierre-Joseph Proudhon y el anarcosindicalismo.

 

Ella esbozó una ligera sonrisa y, antes que dijera algo, aproveché para dar inicio a las hostilidades dialécticas. Pregunté: ¿cómo es posible pagar por asistir al cineclub, si en teoría todo es gratis aquí?, además, si el aporte es libre ¿por qué en la entrada me pidieron tres veces: "¿podría dar un poquito más?".

 

Durante una fracción de segundo dejó de ser perfecta, su rostro tuvo un rictus, sus pupilas se contrajeron... el enfrentamiento que ella deseaba podía comenzar.

 

La punketa esgrimó su florete con talento y atacó cada una de mis frases sobre la izquierda -salvo la del partido demócrata estadounidense- (3). Para ella, como paratodo anarquista que se respete, ningún partido político merece respeto, ya que dichas vertientes democráticas están años luz de los cambios estructurales requeridos.

 

Confesó entusiasta su intención de acompañar el movimiento revolucionario que enaltecía el documental sobre Honduras y defendió la manera en que el cineclub anarquista reunía fondos para la batalla contra el imperio de la imagen comercial. También criticó los cineclubes que exhibían películas de Ingmar Bergman y las salas de cine arte que ella consideraba esnobistas.

 

Sinceramente, no supe si ella era ingenua o yo me había aburguesado… mientras la doncella soñaba con acompañar al pueblo hondureño en su lucha, mi único anhelo después de la función era que mi esposa me diera un masaje en la espalda. ¿Quizás eso era el fruto de las contiendas perdidas?, ¿tal vez la edad?, ¿de pronto los ideales que cedían frente al conformismo del primer mundo?

 

Sin embargo, la anarquista tenía razón, en lo referente a la "pasividad" de la labor cineclubista, frente a las situaciones políticas de urgencia que nuestras cintas denuncian; ya que los cineclubes, si bien son entes subversivos del mensaje audiovisual, requieren de tiempo para cultivar un público crítico y potencialmente comprometido.

 

Pero lo que no podía aceptar, desde ningún punto de vista, era la tesis de una organización que programa sin escrúpulo: El retorno de Walpurgis, Hanzo la cuchilla, Karzán el amo de la jungla y Danger: diabolik!, manifestando un tal repudio por el trabajo de los cineclubes convencionales y por los espacios alternativos no comerciales.

 

Si un cineclub, por curiosidad cinéfila, exhibe El espanto surge de la tumba, o una retrospectiva del cine Trash, está en todo su derecho. Pero de allí a menospreciar los cineclubes que proyectan Metrópolis, Hiroshima mon amour o Nostalgia de la luz, con el simple argumento de que la obra no es lo suficientemente "original"... entonces, considero que algunas personas no han comprendido la verdadera esencia de la labor cineclubista.

 

Esa noche salí del garaje bastante ofuscado, por instantes ponía en tela de juicio las calidades estéticas, históricas o sociales de un filme, como prerrequisito para ser incluída en las actividades de un cineclub. Igualmente, me acordé de un cineclub de la Universidad Nacional de Bogotá, que había programado un ciclo pornográfico pero "justificado" por la calidad de los invitados a los fórums: sexólogos, sociólogos, líderes feministas y psicólogas. 

 

En los días siguientes continué a reflexionar sobre los parámetros cinematográficos de programación, cuando por pirueta del destino recibí, vía correo electrónico, la invitación de un cineclub clandestino. El mail parecía un telegrama de la resistencia de la segunda guerra mundial, ya que no tenía remitente, los datos eran escuetos y había una nota en itálica: entrar por la puertica.

 

La primera vez que asistí a ese cineclub, fue un viernes de un otoño bastante gélido, pero la excusa de salir a la calle en esas condiciones me la brindó Vania en la calle 42, la última película de Louis Malle inspirada en una pieza de Antón Chéjov.

 

Aquella noche caía una espesa neblina estilo londinense y me estaba congelando afuera, ya que no encontraba la susodicha puertica. Minutos después, una parejita de enamorados pasó a mi lado y los ví abrir -asombrado- lo que parecía una central de redes telefónicas que estaba inscrustada en la pared, pero que finalmente resultó ser un portillo que conduce a un subsuelo.

 

Los seguí apremiado, bajando una minúscula escalinata bajo la penumbra, hasta que me encontré solo -los novios habían desaparecido- en una especie de sótano rodeado de sillas, cojines y trastos viejos.

 

En el lugar no existían afiches o folletos de la función que indicaran una actividad cinéfila; del lado derecho, estaba estacionado un piano que vibraba con melodías de otra época; un enorme afiche de la U.R.S.S. se aferraba con las uñas en el cielo raso; en el fondo, había una barra que debió amenizar muchos cócteles pero que visiblemente pasó a mejor vida; finalmente, subiendo unos escalones, noté cientos de canastillas de huevos y botellas para reciclar que esperaban una mano bondadosa para ser reutilizadas.

 

La temperatura del subterráneo estaba lejos de ser agradable, era glacial, la bóveda estaba deshabitada, los que seguí se esfumaron y para rematar alguien apagó la bombilla. Quedé un buen momento en la oscuridad, pensando en qué clase de antro había desembocado... decidí entonces aventurarme -golpeándome de paso con las sillas- y caminé a tientas hasta el rincón más lejano siguiendo un eco musical.

 

Después de subir una escalerita de caracol, emergí a un salón ornamentado con afiches de teatro y gatos bucólicos que dormían en los sillones marcados por sus garras. La canción que alborotaba el ambiente era la famosa "Antisocial" del grupo de hard rock francés Trust, canción que siempre ha sido un hito anarquista, con su famosa frase: Tu bosses toute ta vie pour payer ta pierre tombale (4).

 

Pensaba qué variedad de punketos iba a encontrar, cuando alguien subió el volumen del equipo de sonido en la mejor parte de la canción: Antisocial, antisocial, antisocial, antisocial...  oí un frenesí de gritos que al unísono gritaron: ANTISOCIAL; luego un corto silencio y un fuerte bramido eufórico en solitario: ANTISOCIAAAAAAAAAAL.

 

Sentí temor. Yo, que tuve un bar de rock. Yo, que siempre me creí de izquierda progresista. Yo, que como cineclubista había arriesgado mi sueldo -siempre a pérdida- para poder pagar el alquiler de las cintas en 35 mm que exhibíamos. Yo vacilé, lo confieso, quise devolverme, bajar la escalerita, recoger mis pasos, salir por el portillo con cara de central de redes telefónicas, irme a tomar un café y regresar a casa.

 

Mi reflexión se interrumpió por el primer antisocial que, muerto de risa, irrumpió en la sala con una botella de vino rojo en la mano y unas mejillas tan coloradas como el tibio elíxir de los viñedos. "Hola" -dijo-, respondí la cortesía algo desconcertado, él se acercó y me preguntó "que si venía por el filme", -claro- ratifiqué... él se puso como metralleta a recitarme detalles sobre Vania, que David Mamet escribió el guión, que se basa en una obra de Chéjov, que ¿quién no hace una buena producción así?

 

El perfecto francés con sus entonaciones en vaivenes, disimulaban la embriaguez del vino, su conocimiento cinéfilo era más que envidiable, sus canas me hacían suponer un hombre cercano a los 60 años y su indumentaria sobria y libre de signos particulares, sosegaron mis temores de encontrar una horda de punketos afiebrados o de piratas informáticos.

  

Luego conocí a los otros miembros del grupo, todos "absolutamente normales", -creo que el único anormal presente es quien ahora escribe-; la mayoría de los asistentes provenían del mundo científico y de países disímiles: Francia, Italia, Polonia, Holanda, Inglaterra, Australia y un tipo de Venezuela, extremadamente simpático, buena gente, quien resultó siendo el coordinador del proyecto cineclubístico.

 

La clandestinidad del cineclub tiene su génesis en el hecho de presentar a menudo copias sin autorización, por ello esa especie de misterio alrededor de la proyección y la falta de difusión en los medios tradicionales. Pero, la particularidad de este espacio no se limita unicamente a su "ilegalidad", en muchos aspectos es intrépidamente original: es un cineclub sin nombre, carece de ciclos temáticos, ausencia de impresos y una programación que varía según el presentador de turno.

 

Los subrepticios se dan cita dos veces por mes en dicho subsuelo, bajo criterios bien precisos: cada socio es responsable de una noche de proyección, la persona así designada escoge una película de su afección con la obligación de  defenderla ante el público asistente; igualmente, asume la compra del vino y la elaboración de tartas con el fin de degustarlas al culminar el foro.  

 

Es innegable que la poca publicidad, por razones obvias, hace que el cineclub no pueda realizar una convocatoria abierta a todo el mundo. Además, muchos verán en él una especie de cofradía pequeñoburguesa, donde se ingiere y se discute como pseudointelectuales... pero la realidad es que los gregarios del cineclub fundan su trabajo en dos de los pilares más importantes del cineclubismo: compartir una obra cinematográfica y debatir sobre su validez.

 

Sus integrantes no se limitan a una visión contemplativa e idílica del material fotosensible, verbigracia, para el filme Año 01, que trata del abandono consensual de la economía de mercado -tema de extrema actualidad cuatro décadas más tarde-, el cineclub invitó a un colectivo ambientalista para proponer soluciones contra el sistema financiero y algunas medidas reales tendientes a combatir el productivismo.

Las semanas pasaron y las proyecciones continuaron su ruta encubierta... algunos vinitos, muchos pasabocas, tartas caseras, grandes discusiones bohemias y, sin que me diera cuenta, ingresé a sus filas ilícitas. Ahora yo soy uno de ellos, un cineclubista clandestino, un descarado elemento antisocial.

 

Pero mis viejas inquietudes cineclubistas aún persisten. ¿En dónde quedan los compromisos de izquierda?, ¿qué revolución de la imagen podemos fomentar desde nuestra humilde sala underground?, ¿me habré vuelto un abyecto burgués?

 

Tantos interrogantes con respuestas múltiples rondaban mi psiquis, hasta que me llegó un correo electrónico del cineclub anarquista; ellos habían programado Superargo contro Diabolikus, una "obra de arte revolucionaria" según los autodenominados combatientes del sistema social. El mismo día -y a la misma hora- nuestro cineclub presentaba El pequeño fugitivo, una hermosura estadounidense, que inspiró a todos los realizadores de la nueva ola.

 

Tengo que aceptarlo, si para ser vanguardista, original y revolucionario debo tragarme Superargo contro Diabolikus, entonces no lo soy... asumo mi condición de mediocre pequeñoburgués, ya que prefiero, ser un conformista con una copa en la mano, que aprecia un niño huyendo como fugitivo en Coney Island, que torturar mi conciencia, con un cine al que por defecto le han dado los nombres de vitaminas: B y C.

 

 

1- Honduras: semilla de libertad.

 

2- Eres súper linda, Marie / más linda que París, Marie / más bella que la noche / más linda que Arletty / más linda que Los niños del paraíso.

Además eres tan buena, Marie / con tus senos puntiagudos / como catedrales / parecen Notre-Dame / parecen las pirámides.

 

3- El partido demócrata corresponde de manera general a la izquierda norteamericana, pero en términos ideológicos, se encuentra más al oriente que la misma derecha francesa. 

 

4- Trabajas toda la vida para pagar el mármol de tu tumba.

 

 


Ecrire un commentaire - Voir les 1 commentaires
Lundi 20 septembre 2010 1 20 /09 /Sep /2010 17:46

Jairo-Anibal.jpg

 

Las personas no mueren,
quedan encantadas.

João Guimarães Rosa

  

 

Se nos fué...

Él pasó del otro lado del espejo, convirtió el azul en quetzal,

se despidió, dejó un pañuelo, una mano y un corazón en la distancia.

Poeta, actor, director de teatro, cuentero, titiritero, lector, guionista y artista dramático.

Tales son los créditos vitales que algunos recordarán de Jairo Aníbal Niño...

otros pensarán en sus premios, o en la calurosa crítica, el gran público en sus bellos textos,

sin embargo... los niños, esos sabios de la humanidad que saben leer los astrolabios del destino,

conocen su verdadero paradero... entre las nubes que vienen de oriente,

Jairo Aníbal juega a las escondidas.

 

Nicolás Román Borré

 

 

***********************************************

 

 

LECCIÓN
-Paula, ¿usted sabe qué es una oveja?
-Sí. La oveja es una nube con paticas.


¿QUÉ ES EL GATO?
El gato
es una gota
de tigre.


¿QUÉ ES LA GAVIOTA?
La gaviota
es un barquito de papel
que aprendió a volar.


EL DÍA DE TU SANTO
El día de tu santo
te hicieron regalos muy valiosos:
un perfume extranjero, una sortija,
un lapicero de oro, unos patines,
unos tenis Nike y una bicicleta.
Yo solamente te pude traer,
en una caja antigua de color rapé,
un montón de semillas de naranjo,
de pino, de cedro, de araucaria,
de bellísima, de caobo y de amarillo.
Esas semillas son pacientes
y esperan su lugar y su tiempo.
Yo no tenía dinero para comprarte algo lujoso.
Yo simplemente quise regalarte un bosque.


AYER POR PRIMERA VEZ
Ayer por primera vez supe lo que era la aritmética
cuando, sin que nadie se diera cuenta, me basaste
en los labios.
Ayer por primera vez supe que 1 más 1 son 1.


USTED
Usted
que es una persona adulta
- y por lo tanto-
sensata, madura, razonable,
con una gran experiencia
y que sabe muchas cosas,
¿qué quiere ser cuando sea niño?.

 

Jairo Aníbal Niño



Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Lundi 10 août 2009 1 10 /08 /Août /2009 12:58




http://www.youtube.com/watch?v=jFWxCR_eLi4


La ONG francesa CIN-CO “Cinéma et coopération”, la Universidad de Cartagena y la editorial Pluma de Mompox, realizarán en homenaje a Víctor Nieto Núñez y Henri Langlois, el lanzamiento del libro:

SOBRE RELATOS, CUENTOS Y ENSAYOS DE CINECLUBES – TOMO II

Dicho evento se llevará a cabo el sábado 15 de agosto, en el marco del Festival de Cine Independiente de Mompox. Igualmente, se podrá apreciar ésta publicación, en la 22° Feria Internacional del Libro de Bogotá.

 

****

PRESENTACIÓN

 

Las siguientes páginas rinden un cálido homenaje

a Víctor Nieto Núñez, Henri Langlois y a todos los

cineclubistas que han iluminado el sendero.

 

I

La esquizofrenia cineclubística es una enfermedad que la ciencia psiquiátrica no estima prioritaria dentro del campo de sus investigaciones. Dicha patología se diferencia de las adicciones del coleccionista cinéfilo o del crítico cinematográfico, en que éstos encuentran un deleite individual en la acumulación de objetos o en la suma de placeres intelectuales; en cambio, el cineclubista necesita compartir con un público la experiencia sensorial que lo emociona.

Los síntomas que permiten reconocer la anomalía comienzan por una kinetofagia bulímica, enrojecimiento conjuntival y avitaminosis por falta de luz solar. Los esquizofrénicos de esta índole fundan cineclubes en todas las instituciones que pisan; sus proyectores viajan en lomo de mula, saltan charcos en barriadas, se humedecen en chalupa y respiran las estrellas de la noche en las sesiones al aire libre.

 

II

Hace quince años un grupo de esos enfermos mentales se propuso crear en Cartagena de Indias un sistema de células cineclubistas por municipio, que establecerían a su vez redes regionales, que a su vez alimentarían una asociación nacional intitulada “La iguana”. Bajo el calor del momento, todo era posible: un proyecto de ley regulando la actividad, publicación sistemática de libros y revistas, un circuito especial de películas, encuentros y coloquios nacionales e internacionales.

Pero un golpe de realidad nos condujo a padecer las dificultades del medio asociativo colombiano y de su contexto sociocultural. El Ministerio de Cultura tiró a la basura nuestro proyecto legislativo, sufrimos la extinción de varios cineclubes fundadores, hubo una falta de continuidad en las redes regionales, se suicidaron algunos compañeros de nuestro grupo y la ausencia de apoyo por parte de las instituciones tampoco ayudó.

 

III

A pesar de todo, la anomalía psiquiátrica nos impulsa a caminar… no al ritmo querido, pero se anda. Fruto de ese trabajo es el segundo tomo de Sobre relatos, cuentos y ensayos de cineclubes, donde confluyen en un mosaico interesante, pensamientos disímiles e inquietudes de todas las latitudes. Esa es la razón por la cual encontramos desde un estudio académico del espectador de los cineclubes en Brasil, hasta las aventuras en el interior de una sala porno en Cali; seguimos las falanges móviles de un asistente en Pereira, hasta la búsqueda frenética de la Cinemateca Francesa; analizamos el cine como artificio, mientras constatamos la ilegalidad de las proyecciones en los muros capitalinos.

Nuestra editora, la siempre querida “Nacho”, nos decía que el libro estaba planillado, que seguíamos en la lista de espera, que no nos preocupáramos, que ya iba a imprimirse. Las semanas pasaron, luego los meses, y nada, silencio de imprenta… alguien de poder nos dijo la verdad: “No lo quieren publicar porque no hay estudiantes, sólo algunos egresados de la Nacional”. Agarramos motetes y nos trasladamos a La Heroica. Allí contactamos a un cineclubista de los años setenta que posee contactos en las altas esferas, hablamos con el rector de la Universidad de Cartagena -quien nos otorgó su bendición- y aquí estamos.

 

IV

Mi esquizofrenia cineclubística comenzó -sin saberlo- por un reto del director del Festival de Cine de Cartagena. La imagen que tenía de ese señor era -como todas aquellas ideas frívolas que provienen de los medios- la de un hombre acaudalado, rodeado de mujeres hermosas y que se paseaba por el mundo de festival en festival. Por eso nuestro primer encuentro tuvo el mérito de destruir el mito, y sin que él lo supiera, de encaminar mis pasos hacia un cineclub… él estaba afuera del baluarte porque el aire acondicionado no funcionaba, me acerqué, le pregunté por una cinta argentina que el festival había exhibido, y que yo deseaba adquirir: “¡Ufffff, mijo!”, me respondió. “En ninguna parte la vas a encontrar”. Luego vino su habitual carcajada generosa, y un consejo: “¡Ponte a buscar otra cosa!”… aunque yo seguí indagando por la cinta, aquel día descubrí a Víctor Nieto Núñez.

Dos años más tarde -con una copia de cuarta generación del filme argentino- me dirigí al Festival, no para decirle que la tenía, sino para informarle que los cineclubes queríamos reunirnos con él. Lo que debía ser una conversación de tres minutos, duró toda la tarde, era como un libro abierto. Allí me enteré de las graves dificultades financieras del Festival, de que estaba fielmente casado con la extraordinaria Mary Luz, de la pérdida de Víctor Enrique… durante esas horas, con un rostro humano y frágil, emergió Don Víctor.

En octubre de 1998, organizamos Homenaje al cine. En dicho evento, Pedro Narváez, proyeccionista oficial del Festival, vió por primera vez Cinema Paradiso, a pesar de haber exhibido y maniobrado sus bobinas; la familia del cineclubista Luis Fernando Calvo recibía una distinción por la incomparable labor de difusión cinematográfica; y el director del Festival, apreció su filme idílico: El ladrón de Bagdad, 74 años después de que su padre le revelara a un tal Douglas Fairbanks. Al final de la función, sus lágrimas me mostraron la magnitud de su alma infantil y yo pude conocer a Don V.

 

Nicolás Román Borré

 

****

 

CONVOCATORIA

SE RECIBEN TEXTOS, ARTICULOS, CUENTOS, ENSAYOS Y HASTA LADRILLOS PARA EL TERCER TOMO DE:

SOBRE RELATOS, CUENTOS Y ENSAYOS DE CINECLUBES

FAVOR REMITIR SUS ESCRITOS A: association_cinco@yahoo.fr

 

 

****

AUTORES PUBLICADOS

 

SOBRE RELATOS, CUENTOS Y ENSAYOS DE CINECLUBES – TOMO II

César Cortez Rz

Francine Nunes da Silva

Gabriela Amar

Alexander Amézquita Pizo

Felipe Moreno Salazar

Rubén Darío Mejía S

Claudia Jaramillo

Nancy J. González Coca

Pierre Ángelo González

Oscar Pico

Jaime Andrés Ballesteros Aguirre

Nicolás Román Borré

Juan Alberto Niño Jiménez

Jairo Cruz Silva

Augusto Otero Herazo

 

 


Ecrire un commentaire - Voir les 1 commentaires
Mercredi 8 avril 2009 3 08 /04 /Avr /2009 17:35

Por: Nicolás Román Borré

La esquizofrenia cineclubística es una enfermedad que la ciencia psiquiátrica no estima prioritaria dentro del campo de sus investigaciones. Dicha patología se diferencia de las adicciones del coleccionista cinéfilo o del crítico cinematográfico, en que éstos encuentran un deleite individual en la acumulación de objetos o en la suma de placeres intelectuales; en cambio, el cineclubista necesita compartir con un público la experiencia sensorial que lo emociona.

Los síntomas que permiten reconocer la anomalía comienzan por una kinetofagia bulímica, enrojecimiento conjuntival y avitaminosis por falta de luz solar. Los esquizofrénicos de esta índole fundan cineclubes en todas las instituciones que pisan; sus proyectores viajan en lomo de mula, saltan charcos en barriadas, se humedecen en chalupa y respiran las estrellas de la noche en las sesiones al aire libre.

 


Ecrire un commentaire - Voir les 0 commentaires
Lundi 1 décembre 2008 1 01 /12 /Déc /2008 21:14

 

Por: Nicolás Román Borré

 

“El ritmo fílmico de la India no se amolda al nuestro...

hay que abandonar toda idea de una aritmética o equivalencia humana”

 

Jean-Claude Carrière

 

Reconozco que no es fácil hacer un listado con lo más sobresaliente del séptimo arte... sin duda, es un álgido punto en donde las preferencias artísticas, la historia, la sociología y la manera deontológica de estudiar las cintas influyen en el criterio del seleccionador.

 

En el pasado, dicha tarea fue acometida con cierto éxito por Luis Alberto Álvarez (La historia del cine en cien películas), Barry Norman (100 best films), Augusto M. Torres (Quinientas grandes películas), igualmente, hubo decenas de encuentros, simposios y festivales en donde se reunieron realizadores, críticos e historiadores del celuloide en torno a una rigurosa antología.

 

Libros como “Las mil cintas que debes ver antes de morir” y “Producciones inolvidables”, alimentaban la hoguera de una clasificación piramidal que, si somos honestos, es injusta, ya que los elementos estéticos e históricos de una obra siempre varían dependiendo de quien la observa, de su experiencia personal, de sus referencias sociales y de su visión subjetiva.

 

Pues bien, aún sabiendo eso, la publicación de “Los 100 filmes para una cinemateca ideal” despertó toda mi curiosidad, ya que era Cahiers du cinéma quien editaba, bajo la tutela de Claude-Jean Philippe y a la votación fueron invitados 78 grandes especialistas.

 

Sinceramente no puedo describir qué sentimiento me embarga, de pronto es la frustración de ver cuán pendejo e ingenuo soy... yo creía que como se trataba de una Cinemateca ideal, al fin se haría justicia a las creaciones documentales, experimentales o de animación (1) que han sido sistemáticamente excluidas de esos repertorios (2). Yo soñaba, por ejemplo, que “Las estaciones” de Artavazd Pelechian -que por su belleza del montaje, de superior nivel que “Ciudadano Kane” o “El acorazado Potemkin”- estuviera en dicha selección, al igual que “Koyaanisqatsi”, “Nanuk el esquimal”, “El hombre de la cámara”, “A propósito de Niza”, “Baraka”... en animación, "Fantasía", "La tumba de las luciérnagas" y "The nightmare before christmas". Pero lo peor no es eso, lo terrible de ese Top 100 es el grave olvido de filmes históricamente esenciales. Yo pregunto ¿dónde están?:

 

El gabinete del doctor Caligari

Casablanca

El ángel azul

El séptimo sello

La strada

El nacimiento de una nación

Zemlya

Chinatown

Novecento  

El sol del membrillo

Sunset Boulevard

Los olvidados

Metrópolis

La confesión

El ladrón de Bagdad

Las zapatillas rojas

Duck soup

El chico

A matter of life and death

Zorba el griego

Lo que el viento se llevó

Blowup

Cabaret

Easy rider

Adiós a mi concubina

Breve encuentro

The wall

Habitación con vista

Blade runner

El espejo

Pather panchali

El tercer hombre

De aquí a la eternidad

 

¿Por qué esa amnesia brutal sobre el nuevo cine alemán, el cinema novo brasilero, todos los cineastas del este de Europa, el free británico? 

 

¿Acaso, Theodoros Angelopoulos, David Lean, Shohei Imamura, Dziga Vertov, Rainer Werner Fassbinder, Serif Gören y Yilmaz Güney, Tomás Gutiérrez Alea, Zhang Yimou, John Grierson, Fred Zinnemann, Krzysztof Kieslowski, Johan van der Keuken, Robert Kramer, Aleksandre Dovshenko, Martin Scorsese, Frederick Wiseman, Bernardo Bertolucci, Robert Altman, Peter Greenaway, Milos Forman, Lars von Trier, Takeshi Kitano, Terrence Malick, Wim Wenders, Jim Jarmusch, Serguéi Paradzhanov, Robert J. Flaherty, Gus Van Sant, Santiago Álvarez, Sam Wood, Kean Loach, Jane Campion, Sydney Pollack, Joris Ivens, Abbas Kiarostami, Ettore Scola, Terry Guilliam, Norman McLaren, Jean Rouch, Carol Reed, Costa-Gavras y Pier Paolo Pasolini, no merecen un lugar de privilegio?

 

En los últimos lustros, cintas como: “Underground”, “El piano”, “Trainspotting”, “El tigre y el dragón”, “Pulp fiction”, “Lagaan”, “Historia de Lisboa”, “The pillow book”, “Azul”, “Los niños del cielo”, “Rompiendo las olas”, “In the mood for love”, “Ed Wood”, “Le fabuleux destin d'Amélie Poulain”, “Akira Kurosawa's dreams”, “Festen”, “Requiem for a dream”, “Microcosmos”, “Amores perros”, “Memento”, “Los amantes del círculo polar”, “El sabor de las cerezas”, “Tuvalu”... ¿qué?, ¿no merecen al menos una alusión?. También existe un silencio imperdonable sobre el cine contemporáneo iraní, chino, rumano, coreano, indio y latinoamericano.

 

Empecé el presente texto con enojo, porque la omisión de ciertos nombres me parecía una afrenta a la verdad, por lo que aproveché para citar determinadas obras (3)... después vino la decepción de un Top cuyos límites no son nada evidentes, pero ahora -con algo de calma- reflexiono con tristeza y constato que cualquier tentativa de clasificación es en sí misma una discriminación.

 

¿De dónde viene esa manía de seleccionar The best of the best?... esa no es más que una alienante costumbre de querer tabular, establecer, graficar y reducir la creación humana a una simple cifra. Si un filme le toca en lo más profundo del alma, ese será para usted -en todo caso-, una creación de alto nivel, independiente de la opinión del resto de los mortales.

 

En una Cinemateca ideal no solo hay que revivir los clásicos o apreciar todos los géneros cinematográficos, sino también conocer las pequeñas producciones de todos los horizontes, estudiar las tendencias innovadoras que reinterpretan las reglas estéticas, o que las destruyen por completo.

 

Philippe Faure-Brac, famoso catador francés, asegura que cada vez que alguien le pide un gran vino -que la persona ya ha probado y recuerda con emoción- él responde: “Yo le sugiero saborear otro diferente, porque aquel momento es irrepetible, usted no es el mismo, las circunstancias son diferentes y corre el riesgo de una gran decepción... guarde esa reminiscencia como un instante mágico, e intente crear, con la degustación de otro vino excepcional, un nuevo, pero único estado de felicidad”.

 

Considero que la analogía entre el cine y el vino es pertinente. Por eso, yo anhelo nuevos estados audiovisuales, que vengan otros instantes de absoluta belleza y ternura frente a una pantalla, no con el objetivo de negar una historia, o de resumir el séptimo arte a unos títulos inamovibles... sino para que la lista progrese, se nutra -y sobre todo- aumente.

 

 

 

***

 

(1) Barry Norman incluye “Bambi” en su lista.

(2) Erróneamente se ha llegado al colmo de asimilar el término “película” únicamente a las producciones de ficción.

(3) De igual modo, los lectores podrán preguntarse por la suerte de otros títulos no incluidos, a ellos les digo que no se trata de un olvido... el catálogo sigue abierto.

 

***

 

100 films pour une cinémathèque idéale

 

Citizen Kane de Orson Welles

The night of the hunter de Charles Laughton

La règle du jeu de Jean Renoir

Amanecer de F. W. Murnau

L’atalante de Jean Vigo

M de Fritz Lang

Cantando bajo la lluvia de Stanley Donen y Gene Kelly

Vértigo de Alfred Hitchcock

Les enfants du paradis de Marcel Carné

La prisionera del desierto de John Ford

Greed de Eric von Stroheim

Rio bravo de Howard Hawks

To be or not to be de Ernst Lubitsch

Viaje a Tokyo de Yasujiro Ozu

Le mépris de Jean-Luc Godard  

Cuentos de la luna pálida de Kenji Mizoguchi

Luces de la ciudad de Charles Chaplin

El maquinista de la general de Buster Keaton

Nosferatu de F. W. Murnau

Salón de música de Satiajit Ray

Freaks de Tod Browning

Johnny guitar de Nicholas Ray

La maman et la putain de Jean Eustache

El gran dictador de Charles Chaplin

Il gattopardo de Luchino Visconti

Hiroshima mon amour de Alain Resnais

Die büchse der pandora de G. W. Pabst

North by northwest de Alfred Hitchcock

Pickpocket de Robert Bresson

Casque d’or de Jacques Becker

The barefoot contessa de Joseph Mankiewicz

Moonfleet de Fritz Lang

Madame de... de Max Ophuls

Le plaisir de Max Ophuls

The deer hunter de Michael Cimino

L’avventura de Michelangelo Antonioni

El acorazado Potemkin de S. M. Eisenstein

Notorious de Alfred Hitchcock

Iván el terrible de S. M. Eisenstein

El padrino de Francis Ford Coppola

Touch of evil de Orson Welles

El viento de Victor Sjöström

2001 odisea en el espacio de Stanley Kubrick

Fanny y Alexander de Ingmar Bergman

The crowd de King Vidor

8 1/2 de Federico Fellini

La jetée de Chris Marker

Pierrot le fou de Jean-Luc Godard

Le roman d’un tricheur de Sacha Guitry

Amarcord de Federico Fellini

La belle et la bête de Jean Cocteau

Some like it hot de Billy Wilder

Some came running de Vicente Minnelli

Gertrud de Carl T. Dreyer

King Kong de Ernst Shoedsack y Merian J. Cooper

Laura de Otto Preminger

Los 7 samurais de Akira Kurosawa

Les 400 coups de François Truffaut

La dolce vita de Federico Fellini

The dead de John Huston

Trouble in paradise de Ernst Lubitsch

Que bello es vivir de Frank Capra

Monsieur Verdoux de Charles Chaplin

La passion de Jeanne d’Arc de Carl T. Dreyer

À bout de souffle de Jean-Luc Godard

Apocalypse now de Francis Ford Coppola

Barry Lindon de Stanley Kubrick

La grande illusion de Jean Renoir

Intolerancia de David Wark Griffith

Partie de campagne de Jean Renoir

Playtime de Jacques Tati

Roma, città aperta de Roberto Rosselini

Senso de Luchino Visconti

Tiempos modernos de Charles Chaplin

Van Gogh de Maurice Pialat

An affair to remember. de Leo McCarey

Andrei Roublev de Andrei Tarkovski

The scarlet empress de Josef von Sternberg

El intendente Sansho de Kenji Mizoguchi

Hable con ella de Pedro Almodóvar

The party de Blake Edwards

Tabu de F. W. Murnau

The bandwagon de Vincente Minnelli

Nació una estrella de George Cukor

Les vacances de monsieur Hulot de Jacques Tati

America America de Elia Kazan

El de Luis Buñuel

Kiss me deadly de Robert aldrich

Once upon a time in America de Sergio Leone

Le jour se lève de Marcel Carné

Carta de una desconocida de Max Ophuls

Lola de Jacques Demy

Manhattan de Woody Allen

Mulholland drive de David Lynch

Ma nuit chez Maud de Eric Rohmer

Nuit et brouillard de Alain Resnais

La quimera del oro de Charles Chaplin

Scarface de Howard Hawks

Ladrón de bicicleta de Vittorio de Sica

Napoléon de Abel Gance

 


Ecrire un commentaire - Voir les 2 commentaires

Frases

 

 

"Después de todo,
el cine es el único sueño
que se tiene con los ojos abiertos"

Eliseo Subiela

 

 

"El hecho simple de

que mi perro me quiera más

que yo a él, constituye una

realidad tan innegable, que,

cada vez que pienso en ella,

me avergüenzo.


El perro está siempre

dispuesto a dar su vida por mí.


Si yo hubiera sido atacado

por un león o un tigre,
Ali, Bully, Tito, Staci y todos

los demás habrían afrontado

la desigual batalla,

sin titubear ni un instante,

para defender mi vida,

aunque sólo hubiera sido

por unos momentos.
¿ Y yo? "

Konrad Lorenz
Premio Nobel de Medicina 1973

 

 

"A fuerza de ver películas

y de amarlas
se tiene el deseo de realizarlas.


Ya no se va a la sala por azar,
sino con la voluntad de hacer cine"

François Truffaut

 

 

 

Créer un blog gratuit sur over-blog.com - Contact - C.G.U. - Rémunération en droits d'auteur - Signaler un abus - Articles les plus commentés